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  • Domingo, 22 de Octubre de 2017

La 'hormona del amor' estimula la sociabilidad

La liberación de dopamina en el núcleo accumbens puede producir una ola de placer, informando al cerebro que el evento que está sucediendo es útil para la supervivencia

La 'hormona del amor' estimula la sociabilidad

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, en Palo Alto, California, Estados Unidos, comienza a proporcionar una respuesta a cuestiones como por qué es tan divertido pasar el rato con nuestros amigos o porque algunas personas son muy sociables mientras otras son solitarias o parecen alérgicas a las interacciones con otros.

Los autores de este trabajo señalan lugares y procesos en el cerebro que promueven la socialización proporcionando sensaciones placenteras cuando ocurre. Los hallazgos, que se detallan en un artículo publicado en 'Science', apuntan a posibles maneras de ayudar a las personas, como aquellas con autismo o esquizofrenia, que pueden ser dolorosamente reacias a socializar.

El estudio, cuyo principal autor es Robert Malenka, profesor y presidente asociado de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento, apunta al papel de una sustancia llamada oxitocina, más conocida como "hormona del amor", a la hora de fomentar y mantener la sociabilidad. Otro de los investigadores es el científico postdoctoral Lin Hung.

"Nuestro estudio revela nuevos conocimientos sobre los circuitos cerebrales detrás de la recompensa social, la experiencia positiva que a menudo se obtiene cuando te encuentras con un viejo amigo o conocer a alguien que te gusta", señala Malenka, que ha centrado gran parte de su investigación en un conjunto de interacción tramos nerviosos en el cerebro conocidos colectivamente como circuitos de recompensa.

Debido a que el sistema de recompensa es tan crítico, ha sido cuidadosamente conservado a lo largo de la evolución y en muchos aspectos funciona de la misma manera en los ratones que en los seres humanos, lo que hace que estos animales sean buenos modelos experimentales para estudiarlo.

De lejos, el componente más importante de los circuitos de recompensa del cerebro, según Malenka, es un trayecto nervioso que se extiende desde una estructura profunda del cerebro llamada área tegmental ventral hasta una estructura del mesencéfalo llamada núcleo accumbens. El área tegmental ventral alberga un grupo de células nerviosas, o neuronas, cuyas proyecciones al núcleo accumbens secretan una sustancia llamada dopamina, alterando la actividad neuronal en esta región.

La liberación de dopamina en el núcleo accumbens puede producir una ola de placer, diciéndole al cerebro que el evento que está sucediendo es útil para la supervivencia. La liberación de dopamina en esta región y los cambios posteriores en la actividad allí y en las neuronas aguas abajo también alimentan al cerebro para recordar los eventos y los comportamientos que conducen a la liberación del producto químico.

Este tramo, tan famoso por reforzar los comportamientos que mejoran la supervivencia, como comer, beber y reproducirse, ha estado infamemente implicado en nuestra vulnerabilidad a la adicción a las drogas, una consecuencia que amenaza la supervivencia debido a la capacidad de las drogas de estimular inadecuadamente la secreción de dopamina en el tracto. Pero el trabajo por entender exactamente cómo y bajo qué condiciones naturales se desata la actividad de sus nervios secretores de dopamina está en progreso.

Investigaciones anteriores han implicado específicamente la liberación de dopamina en el núcleo accumbens con el comportamiento social. "Por lo tanto, sabíamos que los circuitos de recompensa desempeñan un papel en las interacciones sociales --dice Malenka--. Lo que todavía no sabíamos --pero ahora sí-- es cómo se produce este aumento de liberación de dopamina durante la interacción social".

La oxitocina tira de la cuerda

Resulta que otro químico --la oxitocina-- está tirando de la cuerda. La oxitocina a veces se llama la "hormona del amor" porque se piensa que está involucrada en el enamoramiento, el vínculo madre-hijo y la excitación sexual femenina, así como el emparejamiento con compañeros sexuales entre algunas especies. La principal fuente de oxitocina en el cerebro es el núcleo paraventricular, que reside en una estructura profunda del cerebro llamada hipotálamo que sirve como un regulador maestro múltiple de la temperatura corporal, el hambre, la sed, el sueño, las reacciones emocionales y mucho más.

La investigación en los últimos entre 20 y 40 años ha sugerido que la oxitocina juega un papel en la promoción no sólo del comportamiento sexual o de crianza, sino también de sociabilidad. Un estudio de 2013 coescrito por Malenka demostró que la oxitocina era esencial para reforzar el comportamiento social amistoso en modelos experimentales, pero la forma en que se produjo no estaba clara, ya que el núcleo paraventricular envía chorritos de oxitocina por los tractos nerviosos a muchas áreas a través del cerebro.

Así Malenka y sus colegas diseñaron experimentos para identificar el papel de la oxitocina en el comportamiento social, confirmando que un tracto que va desde el núcleo paraventricular hasta el área tegmental ventral llevaba oxitocina. Así mostraron, por primera vez, que la actividad en las neuronas que secretaban oxitocina de este tracto se encendía durante las interacciones sociales de los modelos experimentales y que esta actividad neuronal era necesaria para su comportamiento social normal.

Los investigadores demostraron que la oxitocina secretada en el área tegmental ventral por neuronas originadas en el núcleo paraventricular fomenta la sociabilidad al unirse a los receptores en la región las neuronas que secretan la dopamina que componen el tracto que va desde el área tegmental ventral hasta el núcleo accumbens, potenciando la activación del circuito de recompensa.

Los hallazgos podrían ayudar a desarrollar medicamentos para personas con trastornos neurológicos, como el autismo, la depresión y la esquizofrenia, cuyas enfermedades comprometen su capacidad de experimentar el placer de conectarse con otras personas, dice Malenka, quien desea también que la investigación se aplique de manera más extensa. "Con tanto odio y cólera en el mundo --dice-- qué podría ser más importante que entender los mecanismos del cerebro que nos hacen querer ser amigables con otras personas".